La calidad no cuesta. No es un regalo, pero es gratuita. Lo que cuesta dinero son
las cosas que no tienen calidad —todas las acciones que resultan de no hacer
bien las cosas a la primera vez.
La calidad no sólo no cuesta, sino que es una auténtica generadora de utilidades.
Cada peso que se deja de gastar en hacer las cosas mal, hacerlas de nuevo o en lugar de otras, se convierte en medio peso directamente en las utilidades. En estos días en que "nadie sabe lo que va a suceder mañana con nue...